En la playa o en la montaña, para que tu casa de vacaciones sea tu refugio ideal, debes crear un espacio confortable, funcional y, por supuesto, con buen gusto.

 

Que sean “las otras” no significa que todo valga y que se conviertan en un trastero organizado, con todo lo que te sobra, te da pena tirar o ya no se lleva.Las segundas residencias suelen ser un verdadero cajón de sastre, pero tenerlas monas y hacerlas confortables y cómodas no es tan difícil de conseguir. Toma nota de estas ideas. Después de contemplarlas con otros ojos, querrás disfrutarlas todo el año.

1. A cada lugar, un estilo

Está claro, la playa y el mar encajan mejor con un estilo fresco y actual, con aroma contemporáneo (nos encanta el boho chic), mientras que la casa en el campo pide a gritos un rústico, bien en estado puro bien actualizado y renovado.

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No queremos crear una reproducción a escala de nuestra casa principal, sino crear una diferente y única, en sintonía con el entorno. Así, en el campo, debes optar por colores tierras y ocres, por ejemplo, capaces de destacar la belleza de los muebles de madera, típicos de estas casas, y de poner una nota llena de calidez. Mientras que si está situada en una zona de mar, apuesta por los claros, todos aquellos que recrean la arena de la playa, el azul del agua o el versátil y luminoso blanco. Tonos de inspiración mediterránea, donde la luz, y cómo conseguirla, es clave.

2. El leifmotiv: sentirse a gusto

Las casas de vacaciones tienen que ser espacios cómodos, donde desconectar y descansar de la rutina del resto del año. Tienen que transmitir bienestar y quietud y todo debe ayudar a conseguirlo. Por este motivo, apuesta por una distribución sencilla, que tenga en cuenta y aproveche la arquitectura del espacio y resulte, al mismo tiempo, limpia visualmente: sin exceso de mobiliario, de mezclas de estilos y de colores. Apóyate, también, en las telas y busca siempre el lado funcional de los ambientes.

Si ya tienes la casa montada, toca revisión. Aléjate del exceso de muebles, no aportan comodidad y lo único que hacen es agobiar los espacios. Si tienes alguna pieza especial, dale protagonismo y déjale que se apodere del ambiente. Si no es así, busca el equilibrio. Mezcla, pero con prudencia. Jugar con elementos de distintos estilos y colores es apasionante, pero difícil. Sé precavido.

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3. El exterior también existe

Tanto fuera como dentro de casa. Por un lado, debes sacarle el máximo partido con muebles y complementos que creen atmósferas donde disfrutar del buen tiempo. Por otro lado, debes intentar unificar in&out e integrarlo dentro de la vivienda. Abre las ventanas, juega con las cortinas claras, unifica el suelo de fuera y el de dentro… Así conseguirás aportar armonía a los espacios, pero, también ampliar los metros.

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4. Lo natural es un buen aliado

Con el fin de sintonizar la casa con el paisaje exterior, busca materiales que nos lo sugieran: maderas, fibras naturales, mimbre, forja… Tejidos capaces de transmitir esas sensaciones. Telas rústicas y rugosas, como los linos, que huyen de la sofisticación, para una casa de campo. Y ligeras y vaporosas, lisas o con motivos tropicales, para tu refugio playero. Los objetos decorativos (caracolas, conchas, esculturas de madera, flores…) son también buenos aliados para recrear un tipo de atmósfera.

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5. Utiliza la imaginación

La originalidad es siempre un valor en alza. Hay objetos que en tu vivienda habitual ya no pegaban (ni con cola extrafuerte), pero que aquí son todo un acierto, o elementos, como un viejo colchón, todavía en buen estado, que para la cama ya había terminado su vida útil, pero que como un improvisado sofá en el segundo salón o en la zona de ocio cumple a la perfección su cometido.

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Fuente: www.hola.com